Cuentos Racinguistas
Extraño Sentimiento:
Al levantarme aquel día 8 de Noviembre y dirigirme a la cocina a por mi Cola Cao vi a mi agüelu llorando sobre la mesa y le pregunte:
-¿Que pasa agüelu? Nada Tonin, me respondió. En su mano estaba el Diario Montañés en la sección de necrológicas, y el nombre de unos de sus amigos, Emilio, había fallecido el día anterior en Santander, el funeral y entierro serian en Liérganes a las 5 de la tarde. Mama mía, la hora del partido entre el Racing y el Athletic en el Sardinero. Menuda chapuza, pensé. Nos quedamos sin partido. Vaya por dios, hoy que el Sardinero sera juez y arbitro de los destinos del técnico del Racing Juan Carlos Mandiá y nada menos que contra los rivales que menos gusta a los aficionados racinguistas, el Athletic. O ganamos a los leones, y el entrenador continuara una semana mas, con su crédito finiquitado, o perdemos y a buscar sustituto. Bueno, diga lo que diga el agüelu, lo acatare. En estos momentos tengo que estar con él sin dudarlo.
-Esta bien agüelu, haremos e iré contigo a donde tu digas.
Pero mi agüelu, salio por peteneras.
-No te preocupes Tonin, iré un ratillo al tanatorio de los Nereo y estaré de vuelta para comer y poner rumbo al Sardinero.
Yo proteste, -agüelu, Emilio es tu amigo, iremos al funeral, ¿no?
Una mirada fría penetro por mis ojos y al mismo tiempo una voz ronca y dolorida me dijo: -si, Tonin, era mi amigo desde la infancia; era racinguista y no quiere que me pierda este partido de hoy. El en mi caso hubiese echo lo mismo, ¿comprendes?…… No realmente, pensé. Amigos hasta el fin, es lo que mi agüelu siempre decía.
-Vale, esta bien. Iremos al partido y te esperare para comer junto con la agüela.
Mi agüelu salio hacia su habitación a ponerse esas prendas que no le gustaban mucho y que solamente lucia en los tanatorios e iglesias y cementerios. Al cabo de un tiempo salio y me dijo: Gracias Tonin. Estaré de vuelta e iremos al Sardinero. Esperame para comer y ayuda a la agüela en todo lo que te pida….. Se perdía por la puerta del caserío, cuando dije en voz muy baja: Gracias a ti por todo.
Comimos con un silencio sepulcral, no se si era por Emilio o por un presentimiento de impotencia ante el encuentro que se avecinaba. La imposibilidad de una victoria hacia mella en nuestros corazones. Para ganar el encuentro tenemos que tener mayor capacidad ofensiva, jugar con mas intensidad y tener seguridad en nuestra defensa salvadora de nuestro marco y mantener esa portería a cero. Una pesadumbre empaño mi alma, ¿estaremos satisfechos al final? O ¿seria el final de la era Mandiá? Mire a la figura de San Cayetano que estaba en un rincón del comedor y silenciosamente le pedí un triunfo. Palabras mas, palabras menos, que intercediese ante Diosito para que ganemos como sea, pero que ganemos, porque había que volver. ¿Volver a donde? Volver a ganar. Emilio, por favor, ayudanos. Quede sorprendido de mi pensamiento, le estaba pidiendo ayuda a un muerto, mientras los culés le piden ayuda a un vivo que juega en el campo, San Lionel.
Por un momento me encerré en mi mismo y empece a estudiar las tácticas, las coberturas, las transiciones de los jugadores, la actitud de los defensas y finalmente pensé en mi gran ídolo, Toño, guardameta incansable de este Racing. El Madrid tiene a San Iker, el Barça San Lionel y nosotros tenemos a San Toñuco, infatigable bajos los palos. Nos encomendamos a ti, Toño.
Después de la comida nos pusimos camino de Santander, pero la agüela se quedo en la casa aduciendo que tenia una cosillas que hacer, pero realmente, no quería ver el triunfo de los leones en el Sardinero. La rutina es la misma llegar a Santander y estacionarnos en el subterráneo de la Plaza Pombo y caminar hacia Los Campos de Sport vía Menendez Pelayo, Alto de Miranda y la bajaduca de los Pinares, Avenida Pontejos, para llegar a la catedral del juego cántabro.
Nos adentramos en el Alto de Miranda, y de repente una voz sonó en la lejanía, ¿Como esta Sr Pacheco? – Muy bien Rosalva, dijo mi agüelu
-Que tal Tonin, ¿a los Campos? Su dulces palabra recorrieron todo mi cuerpo, penetrando en mi cerebro que envió señales confusas a mi torso. Recorrí todo su cuerpo con mi mente, me asuste yo mismo, pero disfrutaba de esas formas curvilíneas y de una delantera excepcional que para si quisiese el Racing. Mire y sentí un ardor al ver la minifalda con esas perfectas piernas y cachas, que mi agüelu decía que eran los buenos jamones de las mujeres, realmente pasar mi boca por aquellas piernas ¿sabría a jamón de sabugo?, me pregunte. Imagine que no llevaba ropa interior. Mi cuerpo se estremeció aun mas y sentí que algo lo acariciaba y lo desnudaba al mismo tiempo……… una voz sonó fuertemente aguda, – Toni es Rosalva y su papa, Don Julián. Que nos saludan. Sal de tu letargo. -Hola, Rosalva, ¿como estas? Yo bien. ¿Como se encuentra Don Julián? ¿A los Campos? -Si Tonin, veremos ganar a nuestro Racing hoy. Me alegra veros. Estamos bien, gracias. Vamos un poco deprisa que queremos tomar un café en el bar de la esquina, Don Antonino.
-Nosotros vamos mas despacio, Don Julián, la edad, dijo mi agüelu.
Sentía mi propia excitación dentro de mis pantalones de pana. No podía eliminar de mi pensamiento aquella dulce sonrisa y cuerpo voluptuoso que me hacia sentir toda mi fuerza sensual y su mirada me hablaba de excitación, deseo, de imaginación, de juegos, de curiosidad creando una confusión no solamente en mi pensamiento sino en mi alma. Alma de muchacho.
Mi agüelu me decía: Tonin, ya hemos llegado. ¿Que te pasa? Te veo en otro planeta.
-No es nada, respondí.
Mi agüelu rió a pierna suelta y dijo: Yo he pasado por allí, con una sonrisa de complicidad.
Buscamos nuestro sitio. El campo se iba llenando poco a poco. El gran día se avecinaba. Los aficionados salen de sus madrigueras, hogares, y poco a poco llenan los Campos de Sport. Las banderas verdiblancas ondean mirando hacia el cielo. Los peregrinos al templo cántabro van entrando y acomodándose poco a poco en sus únicos asientos. La rutina se olvida. El trabajo, la familia, los sinsabores y las alegrías se dejan de lado. Lo único importante la nueva religión cántabra, en donde hay conversos y no conversos; los nuevos vindios, cocanos y juventudes; no hay milagros, ni panes ni peces, hay guerras de fútbol once contra once y hoy no es la excepción. El Athletic el enemigo a batir. La gente habla con voz de cántabro, fuerte sin igual. Dice lo que piensa del fútbol, del Racing, de Mandiá pero todos unidos en un mismo afán: ganar
En aquella grada desolada se encuentran los locos, como yo les llamo, los ultras envueltos en sus banderas rojiblancas, bufandas del mismo color, camisetas y sus txapelas, caras pintadas con los colores vascos, y armando ruido miraran el partido como poseídos, no solamente por el demonio, sino por el dios Baco en busca de la liberación eterna.
De repente unas gradas mas abajo, la muchacha de grandes cabellos negros, con aquella gloriosa silueta y curvas, que no acertaba a descifrar tendía su mano hacia mi, hechizandome con su sensual sonrisa, y temblé como si hubiese viajado a otra galaxia perdiendo mi lucidez, vi su cuerpo desnudo, sus preciosos pechos y sus piernas fastuosas que terminaban en una cintura redondeada por su estrechez. Sentí su aliento en mi cuerpo y quise alcanzar su cuerpo con un abrazo cuando los gritos, alaridos, sonidos, racinguistas zumbaban en el campo dando la bienvenida al equipo de nuestros amores.
La realidad volvió a mi. Rosalva estaba con Don Julián una gradas mas abajo vitoreando con todos sus pulmones al equipo del terruño. Me levante y grite con toda mi energía, Racing, Racing… y empece a cantar la Fuente de Cacho como si fuese Placido Domingo en plena audición coral….
Mi agüelu miraba atónito mi orgullo racinguista.
Mi agüelu siempre hablaba del fútbol de antaño, era arte, magia, los jugadores, Gento, pasaban a través de los rivales como espadas aceradas y de hielo cortante, nos daban fuerza, garra y juego. Cuando salían al campo los contrarios se paraban y se perdían en los laberintos y manzanas de las piernas racinguistas. Cuando saltaban, Santillana, parecían que tocarían el cielo, si el cielo del gol. Cuando tiraban una falta, los rivales se apartaban porque no querían ser aplastados por la potencia racinguista en sus propias carnes. El Racing nunca regalaba balones, jugadas, córners o incluso faltas. No regalaba nada. Su actitud guerrera les hacia ser temibles que a falta de técnica y buena labor, las piernas salían a relucir.
Me levante de mi asiento y grite fuertemente “Animo Mandiá, tenemos que ganar”.
Mi agüelu decía que el fútbol magia ya no existe. Murio. Dejo de ser un juego y vinieron los profesionales. Aquellos que habían hecho del fútbol un 4-4-2, 3-5-2, 4-3-3, 4-2-3-1, o como él decía un 3-2-5, juego ofensivo. Números en vez de arte. Esos profesionales que terminaron con el juego, e inventaron el trabajo. Antes los jugadores, salían a jugar. Se les gritaba, a jugar. Ahora, Mandiá incluso, hablan de trabajo, formulas de juego, computadoras en donde se guardan los secretos del fútbol y se muestran videos de las jugadas ensayadas. Esquemas tácticos que nadie entiende. Cuando el equipo pierde se auto exculpan, y la mala suerte y fallos humanos salen a relucir. Cuando ganan son los amos del mundo, la eternidad es su destino. Cuando pierden, es mejor esconderse entre las piedras y lapidas del cementerio para que nadie les vea en su desdicha mundana de esos profanadores del fútbol llamados periodistas. Los cuales actúan como sanguijuelas detrás de su presa. El fútbol arte, dio paso al fútbol espectáculo. Pobre espectáculo que nos brindan estos dos equipos hoy.
Como pasa el tiempo, minuto 31 y el Athletic saca una falta, la barrera racinguista volvió la cara a su portería, y se quedaron parados, espectadores de primera fila, para ver el gol de Gurpegui a pase de falta de Castillo, como si se tratase del mismo Pelé. Pobre Toñuco, solo ante el peligro. Vaya defensa que tenemos. Miraba a Rosalva mas que nunca, que guapa, que sensual se encontraba.
Poco antes del descanso Tchité tuvo la oportunidad en sus botas, pero el portero vasco saco una mano no se de donde y desvió el balón que se colaba en su portería, para lustración de la hinchada verdiblanca. La mareaverdiblanca se desinflaba en su animo como subía mi excitación al mirar con una sonrisa solapada a Rosalva.
En el segundo tiempo, el Racing sale con animo de revancha. Zafarrancho de combate, oportunidad de gol; el gol de Christian se cantaba ya en las gradecillas verdiblancas. Caras asustadas en las gradecillas rojiblancas, balón justillo al larguero, Caparros suda en la banda y hace gestos teatrales de impotencia. Iraizoz despeja el balón para alivio rojiblanco y exasperación racinguista.
Las voces del ra, ra, ra…… se desinflan…. dan paso a los insultos hacia los jugadores y pitos a Mandiá.
-Agüelu, ¿piensas que al arbitro que se viste con esos colorines, le gusta el fútbol? Mi agüelu me respondió: creo que si. Vaya impotencia arbitral, pensé, que te guste el fútbol y no puedas tocar el balón, ni jugarle, ni tirar una falta… que aburrido como este Racing de Mandiá………
La juventud se hizo para mirarte, Rosalva, mientras vitoreas a tu Racing de tus amores, y admirar tu ímpetu con ternura, y susurrarte cosas al oído, para saber tu sentimiento racinguista y saberte amarte que es saber de fútbol
Mi Toñuco seguía guarneciendo la portería de forma impasible, como guerrero cántabro que es, aunque sea alicantino, y evitando que los del Athletic aumentase su ventaja. Parecía un torero, solo, frente al peligro. El único que puede tocar el balón con las manos con impunidad en su pequeño terruño. Encima tiene que sacar las castañas del fuego ante las faltas que cometen otros. Vaya porterazo. A falta de un cuarto de hora, Lacen derriba dentro del área a Ion Vélez. Vaya trabajo mas desdichado, tener que atajar las faltas que otros cometen. Ironía futbolera. Trabajo agotador. Equipación fluorescente y diferente al resto por ser el astro del equipo. ¿La prima dona del Racing? Siempre tiene la culpa, y si no la tiene paga lo mismo. Impide goles, aunque de vez en cuando los hace, aunque sea en su propia puerta. Y como dice Eduardo Galeano, primero en cobrar, primero en pagar. Sus malas salidas, errores, pifias, chascos, torpezas, equivocaciones, fallos y marrones, suelen perder un partido. Espectador único en el partido y como las pinturas de Goya el fusilamiento es parte de su vida. Cuando salva un gol, le insultan, le llaman de todo, los rivales, es el cenizo, el gafe, el gruñón y el cascarrabias por aguar la fiesta del gol. Esta vez no pudo ser, Iraola no perdono.
Los pañuelos, los pitos, las manifestaciones pidiendo la dimisión de Mandiá inundaron el Sardinero. Nuestros guerreros caían ante nuestros enemigos acérrimos por culpa de un mal líder de las huestes cántabras. Pagara su osadía con el despido. Un nuevo líder nos llevara una vez a la batalla de la Primera División.
Mientras tanto, otra vez los nervios, me pregunto ¿se habrá dado cuenta? ¡De mi excitación! Quiero besarla en la mejilla, pero ando cohibido. El rito es el mismo, cierro mis ojos, me dejo estrechar en sus brazos amorosos. Mis dedos acarician su pelo, nos abrazamos, lloramos juntos, ¿pero porque? Aunque sea asombroso, por la impotencia de este Racing. Es asombroso lo que sucede, estrecho su cintura, mis dedos recorren su espalda, dejando que mis sensaciones se transformen, gozando del vagueo de su cuerpo. Ella media sonrisa en su boca, tan fina como la seda. Solo un pensamiento: orgullo racinguista. No tengo prisa, la tarde se acaba, pero el tiempo no pasa. Solamente la prisa del agüelu por regresar a la morada en donde nuestra agüela nos espera con el orujo y el queso de Treviso.
Pasiones, anhelos, deseos, ilusiones, alegrías sin poder concretarles llenan nuestras vidas. Posa tus manos en mi y deja fluir ese amor por todas las partes. Arrullame, acariciame, besame, ámame, abrazame y palpame con ese amor racinguista que llevas en tu corazón. Como Eduardo Galeano decía, “el gol es el orgasmo del fútbol” y “como orgasmo el gol es cada vez menos frecuente en el fútbol”. Viva el orgasmo en vez del gol, o el gol en vez del orgasmo. Confundido deambulo por los lares del amor.
Llegamos al caserío y brindamos con el agüelu por el fútbol, por el Racing, por el fin de la era Mandià, con un martini echo de vodka, triple seco, y jugo de Arándano. Viva el amor, viva el fútbol…….. El buen fútbol.
La muerte de la magia y del arte del fútbol trae cola de paja. Con razón la profecía de mi agüelu se cumple en todo su rigor.
Mi agüelu golpeo varias veces la puerta de mi habitación y luego al abrirla me dijo:
-¡Dale Tonin, vamos al Sardinero!
La modorra era descomunal, un sudor frío recorría mi cuerpo, y sentía humedad por todos los sitios y me costo varios minutos, parecían horas, incorporarme, y no quería abandonar la cama porque sabia lo que iba a suceder………….
Poco a poco las manecillas del reloj vuelven a tener sentido y regreso al mundo real. Al mundo vidente del agradecimiento con un beso, locura de pasión y deseo.
-¡Tonin que son las doce del mediodía y hay que llegar a tiempo! Gritó con voz ronca y dolorida mi agüelu, Antonino…..
-¡Sera posible! ¿Qué pasa? pregunto, como si el tiempo volviese………… Orgullo racinguista…… Rosalva, te amo, quisiera jamás separarme de ti………
Òskar
San Simon, AZ
11 Enero 2010
Mi primer viaje Racinguista:
Domingo 11 de junio de 1995
El día anterior mi agüelu me dio la noticia, “mañana vamos a San Sebastian”. “A que vamos agüelu”, le respondí. “Carajo, por los dioses Naco y el morfo de Vindio, a ver al Racing contra la Real, nos jugamos la promoción. Vete a dormir! Mañana a madrugar”.
Aquella noche del 10 de junio me tendí en mi cama en mi cuarto en el ático de la casona. Trate de cerrar mis ojos, pero no podía. Estaba despierto y soñando. Soñando ¿que? El reloj hablaba el lenguaje que el solo sabe, tic-tac, tic-tac, tic-tac. El cansancio fue el arma mortífera sobre mis pobres ojos cansados por la fatiga y la alegría de seguir al Racing. Mi Racing, mi pasión infantil. El reloj seguía, tic-tac, tic-tac, tic-tac…… “Buenas noches, Tonin”, me dijo y con voz sordina me lanzo una pregunta, como aquel que lanza un penalti sobre la portería del rival. ¿Que son esas franjas blanquiazules? “Yo solo veo colores verdiblancos”, le conteste. Verdes, como la esquina de la sorpresa. Blancos, como la nieve desde la costa hasta el monte Medulio, refugio de los morfeos racinguistas. “Sueña. Vive soñando. Ama a esa marea verdiblanca con orgullo y pasión”, me contesto. Hombres curtidos por el mar y el viento, llevando banderas, bufandas, y en su cuerpo las camisetas blanquiazules, bajaban por las calles para ver a su equipo con pasión de triunfo. Yo me agito, me doy vueltas, pataleo y fijo mi mirada en la soledad de la sabana impecable con claro acento de bacalao al ajoarriero. Oh! Ciudad de Donostia. Banderas en las esquinas. Hombres, mujeres, niños con camisetas blanquiazules caminando a paso rápido para no perderse el acontecimiento. En la otra acera, al cariño de la Luna, un grupo reducido de aficionados racinguistas, en los que estamos mi agüelu, mi viejo y yo con el dolor en nuestros rostros de alguien que se cree en la imposibilidad de lo posible. Centro de las miradas de los rivales. Asustado pero con orgullo racinguista y cántabro. En el fondo satisfacción y alegría de ser quien soy y de donde vengo y a donde voy. Mi agüelu susurrando como las viejas los chismes, decía a mi viejo, “animo que hoy ganamos” Su convicción era total. Mi padre lo miraba incrédulo como un soplo de viento en la marejada del cantábrico.
Nos enfilamos hacia las puertas del estadio Anoeta como cohetes lanzados hacia la luna. El reloj me pregunta, ¿sera la Luna, racinguista? La luna, el sol, las verdes praderas, los áridos desiertos, los picos nevados, los llanos, los ríos, las pampas, los pelados montes, y dentro de ellos un universo cantando La Fuente de Cacho……… En Aneota el único tema era la Real Sociedad. Ni un murmullo, ni un sonido sobre mi Racing. Como si no existiese y parecía el convidado de piedra en aquella fiesta sobre el fútbol donostiarra. Nos sentamos en nuestros asientos con la ansiedad del forastero en medio de payos. Silencio de cal en el gallinero, perdón en el estadio El silbido del trencilla de turno, Brito Arceo del comité Tinerfeño primer toque de balón. La multitud como alegres mujeres pedreñeras animando a su jabato traineril, animaban al equipo txui urdin. El hombre de la txapela grande me dice, “muchacho hoy os caen una manita”. agüelu “¿que es un manita? Mi agüelu replica, “5 golitos, no le hagas caso, Tonin? El grandullón afirma, “como cinco merluzas del cantábrico”. Miedo, angustia, dolor, sollozos penetran en mi alma racinguista. Madre, la que nos cae, pensé. Rumores, ánimos, insultos, barbaridades, adulaciones y gritos salían de la gargantas donostiarras. Minuto 20 del encuentro, el estadio de Anoeta enmudeció, Todos los bueyes y las rosas, tristes mujeres del estadio, cortaron la tranquilidad de la tarde con su mutismo. Radchencko envió el balón a las mallas. Todo mi ser salto de alegría, no me importo el de la txapela, ni las camisetas, bufandas, banderas, y boinas blanquiazules. Mi alarido de gooooooooooooooooollllllllllllllllll resonó en todo el universo con la alegría de la sangre racinguista amargando las viejas lagrimas de las lavadoras del río. Mi timidez había desaparecido. Mi orgullo salio a relucir aunque temí lo peor de mi nuevo amigo de la txapela. Ni una palabra, ni un sonido, ni un murmullo. Solo una frase salio de su espermática boca, “disfruta que luego lloras”. Billabona, el mejor racinguista, toma el mando del encuentro. Pase por aquí, pase por allá. Cabezazo por aquí, cabezazo por allá. Tiro a puerta. Los guerreros cántabros imponen la ley despiadada del fútbol. Las hordas de Vicente Miera quieren el segundo, pero no llega, como la niña que se pierde en el laberinto de la eternidad. Una eternidad nos pareció el primer tiempo.
Tiempo de asueto. Tiempo de alegría. Tiempo de las anchoas y del chorizo y de la bota de vino. “Oye muchacho no bebas tanto que te vas al mundo de Baco”. Aquel Txui Urdin me empezaba a caer bien. Me trataba como igual; como si nos hubiésemos conocido en el Paseo Pereda o en Casa Tacones. Mi orgullo se hinchaba como un balón de fútbol. Balón que se pone taciturno para que nadie lo toque, parecía la consigna racinguista en la segunda parte. Los donostiarras dominaba, dominaban y vuelta a dominar. Terror me entro con las palabras mágicas, “la manita” Buscando nuestro refugio en el monte Vindio, aguantamos las embestidas legionarias de los centuriones Txui Urdin a lo largo y ancho del campo de fútbol convertido en batalla singular de dos equipos. Mi primer partido fuera del Sardinero como aficionado de mi amado Racing…….. Ganamos la contienda y gane un amigo con corazón Txui Urdin…………… Su nombre Aitor, trotamundos vasco con txapela y flauta. El reloj seguía con su singular expresión, tic-tac, tic-tac, tic-tac……. Una voz en la lejanía me despertó. “Vamos Tonin hay que ponerse en marcha”. El reloj con su sarcástica sonrisa de complicidad con los gallos que cantan el comienzo de un nuevo día……… Oh! Exclame como el mar rompe en el acantilado…… fue un sueño real…. Mis bravos guerreros cántabros, Ceballos, Carreras, Pablo Alfaro, Roncal, Tomas, Adepoju, Billabona, Bollain, Quique Setien, mi pariente, Torre y Radchenko. Con un guiño al reloj, contento y alegre me puse en camino para celebrar la victoria racinguista.
Òskar
San Simon, AZ
9 Septiembre 2009
A Mis Viejucos les Gustaba el Fútbol:
Me encanta jugar al fútbol. Siempre que puedo llamo a mi viejuco y nos vamos al campo de vacas y chutamos unos tiros como si fuésemos los Gento, DiStefano o Puskas de la actualidad. Mi viejuco disfruta. Yo gozo. Corremos, saltamos, chutamos, tiramos, tratamos de burlar el uno al otro y soñamos con que llegare a ser un grande como mi paisano Francisco, Paco, Gento o Miera. Me imagino delante del publico en el Bernabeu. 60 mil gargantas coreando mi nombre, aplaudiéndome, y de vez en cuando alguna frase no bien sonante sale de las bocas de aquella muchedumbre que solo sabe gritar Hala Madrid. Quiero hacer feliz a mi viejuco. No me olvido de la viejuca que con el olor de la fragancia de su perfume; de la sencillez de su persona; de las manos blancas y cariñosas pasándolas por mi oscuro cabello; la voz fina y elegante diciéndome, “es hora de ir al colegio”; o con su habilidad cocinera preparándome una tortilla francesa con jamón y queso para desayunar y un buen vaso de cola cao Vaya padres que tengo. Velan por mi. Cuidan de mi. Desean lo mejor para mi vida. Me miman. Les recuerdo su niñez, sus ilusiones, sus esperanzas. Mi único anhelo es el no defraudarles. Tratan de darme lo mejor en la vida del momento y si alguna vez no pueden hacerlo, me inculcan el valor y las ganas de superarme para conseguir mis deseos, mis suplicas, mis ilusiones, siempre dicen “lucha por ellas y el mundo sera mejor”. “Recuerda a los demás y juntos podréis hacer grandes cosas” “La unión hace la fuerza” Palabras que no comprendía, pero con el paso de los decenios surgieron de mi masa gris a la voluntad de la vida por hacer un mundo mejor. Lo único en mi mente el fútbol.
No me gustaba que mis viejucos fuese a esas reuniones que nunca me llevaron y de las cuales venían con una fuerza de espíritu y con un corazón mas grande pensando que el mundo puede ser un lugar mejor. Mi agüelu temblaba ante la presencia de lo verde, y mas si llevaba un tricornio negro en la cabeza. Ay! Aquellos andaluces, extremeños, murcianos que solo sabían dar palos a las buenas gentes del lugar. A mi viejuco no le gustaba el color gris de aquellos abrigos y uniformes que se veían en la ciudad. Siempre que salían me decían “nos vemos” y yo seguia pensando en el fútbol. Soñando despierto, viviendo la sencillez de la inocencia de mi alma y corazón. Tal vez son cosas del fútbol, pensaba…
Mis viejucos, siempre que podían me llevaban a jugar al fútbol. Siempre me llevaban a los Campos de Sport del Sardinero. Mi primer partido, mi primer gol, mi primer grito de aliento al equipo, mi primer salto, mi primera decepción, mi primera frustración, mi primera pasión el fútbol. Me preguntaban, ¿Tonin que quieres ser de mayor? Mis primeras palabras era el decirles, “soldado de la cruz roja” porque iban al fútbol gratis. Recapacitaba y les decía “jugador del Racing” y se echaban a reír…… Esa actitud me hacia ponerme corajudo, ¿Como se podían reír de mis aspiraciones? No lo entendía, pero con el paso de los veranos lo entendí. Hay cosas mejores en la vida. Dar tu vida por los demás…
Unos días antes se celebro una manifestación no permitida entre gritos, algarabías, estacazos de los grises y verdes, insultos, odios, tensiones, chivatazos y un tira y afloja de los que querías seguir luchando por un mundo mas justo y los que querían mantener el statu quo.
Domingo. Día de partido. 10 de Septiembre de 1961. la visita del Real Madrid. A prepararse que con los viejucos iremos al Sardinero con nuestros mejores trajes y vestidos como si fuésemos a una boda. Si la boda del balón con la afición. La boda del futbol. Día feliz. Me levante corriendo para mi desayuno, pero nada. No había leche ni cola cao encima de la mesa. Fui de habitación en habitación y nada. Los viejucos no estaban. ¿Que había pasado? Eran las 10 de la mañana. Había que prepararse para ir a misa y despues de comer a la catedral del Sardinero.
En mi incertidumbre no me había dado cuenta de que el timbre sonaba como la alarma de las películas cuando se acercaban los aviones de guerra a masacrar la población. Fui corriendo, con la esperanza de ver a mis viejucos. No mi agüelu estaba al otro lado del umbral. “Tonin, no te preocupes que los viejucos no van a poder ir al partido de hoy”, “yo voy contigo”. “preparate, agarra algunas mudas y tu cepillo de dientes, y vamos primero a ver a la agüela y después a misa”. “De allí vamos a comer a Casa Enrique y voila nos vamos al partido en los Campos de Sport”. Agüelu, dije, ¿donde están pa y ma? ¿Porque no vienen? El silencio por respuesta. Mis pensamientos volaron a lo mas alto de mi intelecto, ¿que les habrá pasado? ¿Que lío tienen? ¿A que hora salieron? Sabia que se habían ido a una de sus famosas reuniones a las 7 de la tarde del sábado y yo me había quedado dormido viendo la tv y me fui a la cama.¿Como era posible que no viese a mis viejucos? De repente el pensar en el Racing, en el fútbol y en el partido contra el Real Madrid aquella tarde invadieron mis pensamientos.
El partido fue emocionante. Nos ganaron, con dos goles de Puskas, uno en el primer tiempo y el otro en el segundo. Nuestro balón de cuero viejo no quiso entrar en su portería. Los goles me hicieron llorar de rabia, o tal vez lloraba por mis viejucos…… Sufrí, pero veía a mi agüelu llorar enrabietado…. nunca lo había visto así en un partido del Racing….. y mi agüela como si estuviese en un funeral por los santos difuntos…. absorta en sus pensamientos, quien sabe cuales, y mirando al vacío del campo….. ¿Tal vez no eran felices? ¿Que pasaba?……. Se venia la oscuridad por adelantado. La noche anticipada. La gente chillaba, gritaba e insultaba al trencilla del encuentro de nombre Birigay. Por fin el final y nuestro Pedro Otto Bumbel con lagrimas en los ojos y mi agüelu llorando sin sollozos y por mis mejías corrían lagrimas de impotencia y desconocimiento….. Nunca olvidare en mi corazón aquellos jugadores racinguistas…. Berasluce, Pallás, Santamaria, Trueba, Crispí, Escolá, Odriozola, Sampedro, Ramos, Parody y Suco. Los gladiadores racinguistas habían caído ante los Puskas, Di Stéfano, Del Sol, Gento, Tejada, Pachín, Ruiz, Santamaria, Miera, Felo y Dominguez. No entendía.
Regresamos a la casa como robots paseando por la ciudad oscura. Cada paso que daba, entendía menos y menos. Mi cerebro se enturbiaba con preguntas sin respuesta, pues el silencio reinaba no solo en la mirada de mis agüelus, sino en sus parcas palabras.
Los viejucos no volverían para cenar. Así que me quedaría en casa de los agüelus. Al día siguiente al colegio y a la vuelta les contaría todos los pormenores del partido y los goles de Puskas que llore con rabia sin controlar. En dos domingos, cuando el Racing vuelva a jugar en el Sardinero, cumpliré 8 años y les pediré que no vuelvan mas a sus famosas reuniones. Ese seria el mejor regalo de cumpleaños que me pudiesen dar. Con el tiempo comprendí que nunca mas volvería a verlos. Aquella noche pasaron por la casa los verdes y los grises, llevándose a mis viejucos como un vendaval del viento sur por el solo motivo de ser sindicalistas……… Entendí los llantos del agüelu…… No eran los goles del Madrid sino la impotencia de hace valer sus derechos y amor, no solamente al fútbol, sino al país.
Òskar
San Simon, AZ
3 Septiembre 2009
La Noche del 1 de Febrero:
Aquella noche del 1 de Febrero del 2008, después de haber estado todo el día buscando trabajo decidí tomarme un chocolate con churros en un café de la plaza Pombo. Una vez terminado mi asueto y con nuevas energías en mi cuerpo decidí irme a mi morada solitaria de ventanas estrechas y muros grises. Hacia unos días que me había quedado sin curro. Por esas mismas fechas mi querido Racing había derrotado por 2 a 0 al Athletic en el Sardinero un 24 de enero con goles de Tchité y Smolarek en un intervalo de cuatro minutos. Quien se lo imaginaba que el polaco y el africano serian los verdugos de nuestros acérrimos enemigos.
Respire aire fresco y me encamine por las calles solitarias hacia los jardines con la esperanza de encontrarme con gente. Necesitaba el bullicio de la noche, pero la ciudad parecía un eterno cementerio en donde algún silbido de los coches rompía el lúgubre aspecto urbano. Enfrascado en mi walkman oyendo música relajante seguí caminando en busca de un kiosco en donde comprar cigarrillos para saciar mi deseo de humo. A unos cuantos metros vi unas seis o siete personas enfrascadas siguiendo un encuentro de fútbol en una pantallita pequeña de un TV portátil. Entre tanta soledad, penumbra, ansiedad, desazón, incertidumbre y angustia ver a este grupo de personas, creo en mí una sensación de frío, de avidez y necesidad por el confort de nuestras vidas. Me encamine hacia donde estaban esas personas como isla de la esperanza en medio de un océano crujiente y tempestuoso lleno de peligros.
Me pare junto a ellos y mis ojos no dieron crédito, era el día del partido contra el Athletic en San Mames. Era el día cumbre, como lo podía haber olvidado. Las preocupaciones de la falta laboral habían enturbiado mi inteligencia llenándola de una sola premisa, trabajo. No se oía un sonido parecía como aquellas películas del cine mudo de las cuales mi agüelu me hablaba en mi niñez. En ese momento las pantallita pestañeo. Las luces de la calle brillaban con soltura y en un edificio cercano una voz gritaba, María la cena…
Como un relámpago tormentoso la pantalla dejo paso al enmudecido negro indicador de que la batería se había descargado. Todos los presentes exclamaron, OH con una depresión total, entonces hice una pregunta que me la hubiese callado, al ver los ojos hirientes de la masa social hacia mi persona. ¿Cómo van? Un viejote de rostro afable y con boina negra, como las que usaba mi agüelu, me dijo 2 a 0 a favor del Bilbao. Mi cuerpo se estremeció como si un rayo lo hubiese pasado desde la cabeza a los pies dejando su descarga eléctrica. Eliminatoria empatada y cuesta arriba para mi Racing. Al oír la pregunta la gente me miro con caras largas y de pocos amigos y todos los ojos se volvieron hacia mi como la isla de la esperanza en busca de algo de lo cual no tenia ni idea. No supe que decir y mi silencio fue interpretado como saldo fúnebre en donde los muertos no se levantan mas. Aquel viejote exclamo, hombre díganos usted que es lo que sucede en el encuentro que tiene el radio. Mis manos temblorosas manejaron el aparato para encontrar la radio. Punto Radio. Eureka, como si hubiese descubierto el universo, allí estaban trasmitiendo el partido. El viejote de cara afable con voz aguda me apremio, “joven ándele, díganos lo que sucede, que pasa…” Todos me miraron con unos ojos amenazantes como diciendo “que pasa, te has quedado mudo”. Mi interior se sentía importante. Seria comentarista para estas gentes. Me olvide de mis problemas y empecé a relatar lo que el verdadero comentarista decía. Mis primeras palabras salieron de forma balbuciente: “El Racing se asoma al área rojiblanca y Pablo Álvarez envía un aviso al Athletic…” Todo mi cuerpo se estremeció con un sudor frío, mis palabras salían como un torbellino y hasta alocadas y aventureras, que me hizo recordar mis pinitos en el teatro del colegio y me deje enamorar por mi audiencia dispar. Fui sorprendido gratamente cuando en el minuto 53 grite con todo pulmón “gooooollllllllllllllllllllllllllll de Aldo……” ¿Quién es Aldo? El joven replico, “Aldo Duscher, el argentino del Racing”, le increpe. ¿No conoces a los jugadores? Con un sonrojo en sus mejilla me dijo, “si”. Pero todos lo llamamos Duscher. La cosa se ponía al rojo vivo y nos metíamos de vuelta en las semifinales. Con orgullo cántabro y racinguista afirme “San Mames es un sepulcro” No se oía un murmullo en el estadio. Había enmudecido con el gol de Aldo. Los gritos de Athletic, Athletic, … se apagaron como la pantallita se apago a falta de batería….. Este gol era la garantía de que podíamos pasar. Pensé ahora esta. El Athletic tiene que hacer dos goles, misión imposible. Cuando estaba saboreando mi triunfo radiofónico enfrente de la audiencia, grite con menos jubilo “posición dudosa y gooooolllllllllllll de Susaeta” No resultaba fácil decir estas palabras. Mi audiencia con bocas abiertas que entraban las moscas no daba crédito a lo que oían. Vuelta a comenzar, pero con la ventaja del gol de Aldo que en caso de empate valía doble. El Boxto soñaba con la gesta y clamaba contra el trencilla cuando no vio como Pinillos no queriendo arrollaba a Gabilondo.
Mi audiencia suspiro de forma aliviada. Seguí con mi orgullo y nuevo fervor, “Coltorti saca con la mano a Navas. Navas avanza unos metros y le pasa en largo a Pablo Álvarez, quien a su vez mueve el balón rápidamente a Duscher quien avanza en territorio del Athletic con un pase largo a Oscar; Oscar hace sus filigranas, deja sentado a Muñoz y Koikili le entra a las piernas pero Oscar salta y se libra de él, se enfila hacia la portería del rival cuando es derribado por Amorabieta. El trencilla guerrero pita la correspondiente falta, entre los abucheos y cánticos de los leones” Falta que saca magistralmente Colsa y, y, y, gggooooooolllllllllllllllllllllll de Tchité, minuto 72, sentenciada la eliminatoria, grite con todas mis fuerzas”. Grande Meme…… Me abrace al viejote, al gorgorito y al matón con su gorra tipo yanqui. Al otro hilo de la radio silencio como en las catacumbas romanas. Los cánticos de Athletic habían dado paso a la desesperación y silencio en el Boxto. El viejote se quita su boina y la agita al universo entero. El joven con su bufanda verdiblanca no para de saltar de alegría. El matón con su gorra tipo yanqui y tatuaje en el pecho, corre con los brazos en el aire hasta la esquina y grita con todo pulmón AUPÁ RACING…… Mas tarde un tercer gol de Racing da por terminado el partido. Festejo en todo lo alto. Mi relato termina y la actitud expectante de mi audiencia da paso a la alegría y el sabor de la miel por el dulce empate con sabor a victoria. Si, victoria y a semifinales. El sueño continua.
El bullicio se silencia. El frío se hace más penetrante y con un “buenas noches” dirijo mis pasos hacia el Kiosco con la alegría del deber cumplido. Mi orgullo cántabro salía a rebototes. Mi orgullo racinguista no cabía en mi cuerpo. De repente la triste realidad de mi vida, pero recordando los rostros de mi audiencia me sentí por primera vez transmisor del sentimiento y orgullo de ese equipo llamado RACING.
Òskar
San Simon, AZ
19 Agosto 2009






